La arquitectura paisajista como urbanismo

Durante el mes de abril celebramos la semana de la arquitectura paisajista, disciplina del diseño de relativa corta vida en Puerto Rico. Hace sólo un año y medio que comenzó el primer programa académico de arquitectura paisajista en nuestro país (y el primero de todo el Caribe), en la Universidad Politécnica de Puerto Rico. Los arquitectos paisajistas de Puerto Rico somos sólo unos 40, aunque este número crecerá muy pronto gracias a la escuela recién fundada.

Los arquitectos paisajistas diseñan todos los espacios exteriores o “el paisaje”, que es el conjunto de los elementos físicos, biológicos y culturales (edificados) de una región geográfica amplia. El paisaje no es simplemente una vista bonita o un jardín, sino que es el entretejido de ríos, valles, montañas, bosques, flora, fauna, costas, edificios, carreteras, parques y todo lo demás, junto con las relaciones mutuas entre todos esos elementos. El paisaje es, por lo tanto, viviente, dinámico y está en constante transformación debido a causas naturales y sociales.

Los orígenes de la arquitectura paisajista como profesión se encuentran a mediados del siglo XIX cuando muchas ciudades de Europa y Norteamérica se expandían rápidamente por el cambio social y económico que representó la revolución industrial. Frederick Law Olmsted, diseñador del Parque Central de Nueva York y del sistema de parques de Boston (conocido como “el Collar Esmeralda”), es considerado como el fundador de la profesión. Pero, por supuesto, la práctica humana de crear jardines y modificar el entorno natural para su habitación se remonta al origen mismo del ser humano.

La preocupación de Olmsted era crear espacios públicos que balancearan las presiones de la vida urbana industrializada. Quería crear espacios amplios y verdes en donde se pudiera respirar “aire puro” y que sirvieran para la recreación y el encuentro social. Los parques de Olmsted, más allá de bonitos jardines para la recreación, se convirtieron, tanto en Nueva York como en Boston, en importantes centros de expansión de la ciudad y en infraestructura verde indispensable para el funcionamiento de la ciudad agrandada.

En cierta medida la arquitectura paisajista de hoy día ha vuelto a esas raíces fundacionales, aunque por razones diferentes. La arquitectura paisajista de hoy está enfocada más y más en borrar las fronteras entre “lo construido” y “lo natural”; en el desarrollo de la ciudad como paisaje que es; y en los procesos de urbanización y re-urbanización. En otras palabras, está enfocada en repensar la ciudad a través del medio del paisaje.

El paisaje no es visto ya como el espacio que sobra entre los edificios sino como la matriz o base sobre la que se construye la ciudad. El paisaje dejó de ser el trasfondo escenográfico del diario vivir para convertirse en la estructura misma que nos permite la vida en una sociedad saludable. Como dijera el afamado arquitecto holandés Rem Koolhaas: cada vez más el paisaje es el elemento primario de ordenamiento urbano.

Este cambio de paradigma (de CIUDAD-paisaje a PAISAJE-ciudad) es fundamental y nos permite acercarnos a lo que podría ser la sostenibilidad ecológica y económica de la ciudad del futuro. La arquitectura paisajista de hoy, más que diseñar condiciones finales, diseña estrategias de intervención para crear o restablecer sistemas (naturales, sociales, infraestructurales, espaciales) y para echar a andar procesos (naturales, semi-naturales, de urbanización). A través del diseño, el arquitecto paisajista sirve de mediador entre “la naturaleza” y el ser humano para que la habitación del paisaje sea lo más armónica posible. Todo este esfuerzo se hace teniendo en mente que el paisaje es también un producto cultural de altas aspiraciones estéticas.

En Puerto Rico tenemos varios ejemplos de obras de arquitectura paisajista que han influenciado de manera positiva la forma en que se vive la ciudad y la forma en que la ciudad se proyecta hacia el futuro. Los nuevos parques del Condado, como La Ventana al Mar y el Parque del Indio, por ejemplo, han sido tremendamente exitosos en muchos aspectos. Estas intervenciones puntuales del arquitecto Andrés Mignucci no son obras aisladas sino elementos de una estrategia de paisaje que ha logrado abrir este denso sector de la ciudad hacia el mar, su más preciado recurso. No hace falta más que visitarlos para ver lo exitosos que han sido como nodos urbanos de variada actividad y función y como verdadera infraestructura verde de la ciudad.

La arquitectura paisajista promete grandes contribuciones al desarrollo de Puerto Rico: desde la integración de la infraestructura de transportación hasta el re-desarrollo de nuestros frentes portuarios. Hace falta, sin embargo, que el país conozca esta disciplina del diseño e incluya en sus equipos de trabajo a arquitectos paisajistas locales. La arquitectura paisajista es, hoy por hoy, la disciplina del diseño que más puede contribuir a alcanzar el país sostenible que todos queremos.

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About José Juan Terrasa-Soler

JJ is a registered landscape architect, ecologist, and university professor living in San Juan, Puerto Rico. He is a practicing Buddhist and enjoys hiking, nature exploration, amateur astronomy, and fountain pens.
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